domingo, 9 de marzo de 2014




El día en que mi vida se detuvo

    Te has sentido alguna vez como que tu vida se detuvo? Has pensado que la vida está llena de posibilidades pero que no es para ti? Hay muchas personas que se encuentran detenidas en la vida, hay personas que no saben qué hacer, que han sido abandonados por su pareja, que perdieron el trabajo, que están endeudados, que todo le sale mal, que no tienen para comer, se sienten desesperados lo único que alcanzan a ver son problemas y más problemas, los cuales fueron hechos para resolverse, hasta la muerte tiene solución porque si estas en Cristo debes saber que tienes vida eterna, entonces te pregunto: Por qué haces que tu vida se detenga? Por qué caer en un negativismo? Si tú piensas que algo va a salir mal de seguro va a salir mal.
La Biblia dice: “Lo que el impío teme, eso le vendrá; Pero a los justos les será dado lo que desean.” Proverbios 10:24.
    No te desesperes, llénate de paciencia pero no te quedes quieto, persevera en tu misión de vida. La vida es un proceso y nunca nada grande se logró de inmediato, se requiere trabajo, tiempo, talento y tesoro. La mayoría de las personas quieren que las cosas se les solucionen de inmediato cuando el problema lleva tiempo arraigado, hay que trabajar en nuestra vida primeramente y luego con la gente que me rodea. Considere ser una persona de fe, nunca es tarde para alcanzar sus sueños. Nunca es tarde para salvar su matrimonio, nunca es tarde para llegar a acuerdo con sus acreedores y cancelar sus deudas, nunca es tarde para comenzar e intentarlo de nuevo.
 “Porque siete veces cae el justo y se vuelve a levantar; pero los impíos se hunden en la desgracia” Proverbios 24:16.
Fortalécete en las promesas de Dios. No te quejes de la situación, deja de enfocarte en los problemas y busca las bendiciones que Dios te ha dejado en su Palabra. Aduéñate de las promesas de Dios.
Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. Romanos 8:28
Finalmente, recuerde que la vida continua, la vida no se detiene, su corazón sigue latiendo, si quiere mejorar su vida debe confiar en Dios porque en El  Todo es Posible.

                                             
QUE DIOS TE BENDIGA

jueves, 6 de febrero de 2014

EL EVANGELISMO Y SU IMPORTANCIA PARA LA IGLESIA

EL EVANGELISMO Y SU IMPORTANCIA PARA LA IGLESIA




Romanos 10:14 - "... ¿ Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿ Y cómo oirán sin haber quién les predique?"¿Qué es Evangelización?

La palabra "evangelio" viene del griego "evangelion" y quiere decir "buenas nuevas" o "buenas noticias". Evangelista, del griego "evangelos", es el "portador de buenas noticias". Podemos decir que evangelización es la proclamación de las buenas nuevas del evangelio, con el fin de atraer a todas las personas a Cristo y a su Iglesia. Es presentar el mensaje de salvación a la humanidad. Es tener en el corazón un anhelo y una pasión por ganar a las almas perdidas, para que encuentren al Señor y Salvador Cristo Jesús, y se reconcilien con Dios (2 Cor. 5:14,20).
Para evangelizar hay que vivir el evangelio. Esto es posible por la obra del Espíritu Santo en nosotros, quien nos recuerda siempre el compromiso que tenemos con el mandato del Señor. Todo discípulo de Cristo debe ser un evangelizador.
La tarea de evangelizar es una labor permanente, y puede ser realizada de manera personal por cada creyente, o de forma comunitaria junto con toda la iglesia. La evangelización no es una simple actividad que puede ser preparada en algún momento del año en el calendario de la iglesia; la evangelización es la razón de ser de la iglesia misma.
¿Por qué debemos predicar el Evangelio?
Jesucristo nos ha comisionado para hacer tres tareas relacionadas con el evangelismo:
1. Ir por todo el mundo y predicar el evangelio a toda criatura (Marcos 16:15).
2. Hacer discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo (Mateo 28:19).
3. Enseñarles que guarden todas las cosas que Cristo nos ha mandado (Mateo 28:20).
Por este motivo, los cristianos tenemos muchas y muy buenas razones para predicar el evangelio de Jesucristo:
a. Primeramente, por obediencia al mandato de Jesús (Mateo 28:18-20).
b. Porque es una de las formas de responder al amor de Dios, demostrado en Cristo (Mateo 10:8; 2 Cor. 5:14,15).
c. Porque como dice el apostol Pablo en Romanos 1:14-17, después de haber sido ya salvados, somos deudores frente a todos los demás, de la salvación de ellos.
d. Porque Dios nos ha bautizado con el Espíritu Santo, con el fin de capacitarnos para que ayudemos en la predicación del evangelio (Hechos 1:8).
e. Porque tenemos la responsabilidad de ser voceros de Dios para advertir a los que se pierden del peligro en que se encuentran (Ezequiel 3:16-21).
f. Porque Jesús nos dice que "la cosecha está lista", que es urgente anunciar el mensaje, y que son muchos los que están esperando a que nosotros les llevemos las buenas noticias para ser salvos (Lucas 10:2; Juan 4:35).
g. Porque es un gran privilegio y nos va a llenar de mucho de gozo llevar las buenas nuevas de salvación a personas que no tenían un propósito en sus vidas, y que iban camino a la perdición (Salmo 126:5,6).
¿Cómo se Evangeliza?
Hay muchas maneras de realizar la tarea de evangelismo. Podemos hacerlo de forma personal; o saliendo de dos en dos; o en grupo con la Iglesia. Ahora bien, lo más importante que hay que tener en cuenta para evangelizar no son los métodos, sino la condición del corazón de la persona que evangeliza. Por eso vamos a considerar este punto en primer lugar.
Puede ser que en una Iglesia se haya desarrollado ya un programa de entrenamiento y capacitación muy completo para evangelizar, pero si la Iglesia carece de la real visión para alcanzar a su comunidad, y si no existe una verdadera compasión por los perdidos en el corazón de sus miembros, es difícil que se cumpla la obra de evangelismo, porque la iglesia como cuerpo, no se movilizará. Sin embargo, en otra iglesia con poca preparación formal en evangelismo, podrá llevarse a cabo la obra si hay un alto grado de motivación y deseo en el corazón de los creyentes.
También puede contarse con un método muy bueno, pero si no existe un buen testimonio, una vida de oración y una actitud de comunión con Dios en la persona que presenta el evangelio a la gente, difícilmente tendrá un impacto positivo. En la misma forma, puede ser que la persona que evangeliza tenga una metodología inadecuada, pero su amor y sinceridad resplandecerán por encima de sus carencias y logrará buenos resultados. Esto nos hace entender que el evangelismo no es un mero programa, sino que la unción del Espíritu juega un papel determinante en esto. No depende del método, sino de la condición y la motivación del corazón del evangelista, es decir, de la persona que presenta el evangelio.
Características del Evangelismo verdadero y eficáz:
1. El que hace la labor de evangelismo reconoce la soberanía de Dios y muestra sumisión a ella. Primeramente, lo reconoce en cuanto a la obediencia, pues entiende que evangelizar es un mandato de Dios a Su pueblo. Como fieles servidores del Señor, estamos obligados a obedecerlo, no es opcional (Mt.28:19,20).
2. Segundo, reconocemos también que somos simples portadores del mensaje de salvación, y que cuando alguien se convierte, es Dios quien ha salvado, no nosotros. Él es el único que puede salvar (Hechos 4:12).
3. El evangelismo se caracteriza por el amor y la compasión hacia los perdidos. La motivación es la misma que tuvo Jesús, cuando se conmovió al ver al pueblo perdido y hambriento (Mateo 15:32).
4. El evangelismo trata de la verdad. No es la presentación de un punto de vista personal, o de una idea o enseñanza cualquiera. Es la presentación de un mensaje único, auténtico y verdadero, basado en la Biblia y confirmado por el Espíritu Santo. El evangelio no es enseñanza de hombres (2 Pedro 1:21).
5. El evangelismo auténtico toma en cuenta la profundidad de la naturaleza pecaminosa del ser humano. Por lo tanto, debemos tener presente que la conversión no es algo que se puede hacer a la ligera. No es algo que se hace para complacer a otra persona. Tiene que ser de todo corazón, con un arrepentimiento verdadero y con la intención de seguir a Cristo y dejar el pecado atrás (2 Corintios 7:9,10).
6. El evangelismo verdadero respeta la santidad de Dios. Como Él es santo, así deben ser sus mensajeros. El testimonio de la persona que evangeliza debe tener correspondencia con el mensaje que lleva (1 Pedro 1:15,16). El apóstol Pablo dice que "somos embajadores en nombre de Cristo" (2 Corintios 5:20).
El Trabajo de Evangelismo
El evangelismo es un trabajo que demanda compromiso y esfuerzo. En el presente, muchas iglesias sólo utilizan los métodos institucionales (el culto evangelístico y las campañas) para cumplir con la responsabilidad del evangelismo. Estas formas han reemplazado al trabajo más contundente del evangelismo que es el de ser luz (cada uno de nosotros) en nuestra familia, el vecindario, el lugar de trabajo, los centros de estudio, etc. Muchas iglesias
realizan campañas evangelísticas, para lo que invitan un evangelista de otro lugar.
Estas cosas pueden hacerse de vez en cuando, pero después de estudiar los resultados, hemos visto que no existe nada mejor que el evangelismo personal, si queremos lograr nuevos creyentes que permanezcan en la iglesia. En las campañas muchos hacen la decisión, pero realmente, muy pocos de estos permanecen. Van al frente impresionados por el momento, pero cuando pasa el entusiasmo no vuelven a la iglesia.
Se ha comprobado que aunque sea más fácil invitar a alguien a un culto, es mucho más eficáz hablarle personalmente, en un ambiente más familiar y directo. Por eso, a nivel de la iglesia debe haber un apoyo y una motivación para el evangelismo personal. La iglesia local debe poner su esfuerzo en la orientación y la capacitación de sus líderes y miembros en la labor de evangelismo.

lunes, 4 de noviembre de 2013

LA NECESIDAD DE ESCUCHAR PALABRA DE DIOS




Jesús le respondió: Escrito está: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
La palabra de Dios es esencial en la vida de alguien que dice ser un seguidor de Cristo, porque en primer lugar la Biblia nos enseña cómo ser un cristiano y luego nos enseña a seguir a Jesús en nuestra vida diaria.
La palabra de Dios fue importante en la vida de Jesús. Lo sostuvo y le ayudó en los momentos de tentación. 
Tenemos que entender que la palabra de Dios es nuestro sustento. Vivimos de toda palabra que sale de la boca de Dios. Es la palabra de Dios que nos da la fuerza para enfrentar las realidades y dificultades de la vida. Por lo tanto, debemos prestar mucha atención a lo que el Señor nos está diciendo. Tenemos que vivir por la palabra de Dios, de lo contrario vamos a perecer, como está escrito en Oseas 4:6 “Mi pueblo fue destruido porque le faltó conocimiento.”
La palabra de Dios da estabilidad a nuestras vidas. Jesús dijo que quien escucha Sus palabras y las obedece es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca.  Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa; con todo, la casa no se derrumbó porque estaba cimentada sobre la roca. Cuando construimos nuestras vidas sobre la palabra de Dios podemos enfrentar cualquier tormenta y seguir siendo fuerte y estable. (Mateo 7:24-27)
La palabra de Dios nos da una seguridad y una garantía de cumplimiento. Jesús dijo que incluso si el cielo y la tierra pasarán, Sus palabras nunca pasarán. Dios no es hombre para que mienta, o cambia Su mente. Podemos confiar en Sus promesas con la plena seguridad de que Él cumplirá lo que ha prometido. Abraham tenía una fe firme e inquebrantable en las promesas de Dios, incluso en situaciones desesperadas. (Marcos 13:31; Números 23:19; Romanos 4:18-21)
El Señor nos habla a través de Sus siervos y profetas en la Biblia y confirma y cumple lo que Él ha hablado a través de ellos. El Señor estuvo con Samuel y confirmó todo lo que le había dicho. Por lo tanto, debemos esperar la confirmación y el cumplimiento de lo que el Señor nos ha hablado por medio de Sus siervos. (Isaías 44:25-26, 2 Crónicas 20:20; 1 Samuel 3:19)
La palabra de Dios nos libra del peligro y la destrucción. El Señor envía Su palabra en tiempos de crisis y desesperación y nos sana y nos libera de la tumba. La palabra de Dios no volverá a Él vacía, sino que hará lo que Él desea y cumplirá con Sus propósitos. Por lo tanto, debemos recibir la palabra del Señor y obedecerla y seremos liberados de la condenación eterna. (Salmo 107:20, Isaías 55:11)


La palabra de Dios nos estimula e inspira nuestra fe. La fe viene por el oír la palabra de Dios. La palabra de Dios trae claridad y comprensión en los momentos de perplejidad y confusión. La palabra de Dios trae un mensaje de paz. Por lo tanto debemos llenar nuestros corazones con la palabra de Dios que nos dará fe y revelación. No debemos ser fácilmente perturbados por las diversas voces de miedo y desesperación que quizás nos rodean. Debemos centrar nuestra atención en la palabra del Señor. (Romanos 10:17; Salmos 119:130, Hebreos 13:5-6; Filipenses 4:6-7)
La palabra de Dios nos da consuelo y tranquilidad en momentos de dolor y angustia. Nos da descanso y paz dentro de nuestro corazón. Nos da la esperanza y seguridad de la presencia y asistencia de Dios. Este es un gran consuelo y fuente de sanación para nuestros corazones rotos. Por lo tanto debemos buscar nuestro alivio y consuelo de la Palabra de Dios en tiempos de angustia y dolor. (Salmos 119:49-50; Salmos 85:8; Isaías 41:13) 
Deuteronomio 6:6 – nos dice: “Estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón.” Y el Salmo 119:11: “Yo he guardado tus dichos en mi corazón. . .” La Biblia también compara la Palabra de Dios a una espada. Hebreo 4:12: “La palabra de Dios es viva, eficaz y más cortante que toda espada de dos filos: penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.” 
Las personas necesitan más que pan para vivir, hay que alimentarse de toda palabra de Dios, ya que nos ayuda en los momentos de necesidad, nos transforma y nos da la comprensión y el aseguramiento de la vida eterna donde tendremos “el derecho a comer del árbol de la vida, que está en medio del paraíso de Dios.” (Apocalipsis 2:7)