lunes, 11 de agosto de 2014

Pasos para crecer en Cristo: Lee tu Biblia



"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra".
(2 Timoteo 3:16-17)
El primer paso para conocer más a Dios y ser transformado por Su Espíritu, es leer la Biblia. La Escritura es la Palabra misma de Dios lo cual quiere decir que, aunque fue escrita por autores humanos, ellos fueron dirigidos de principio a fin para escribir la perfecta sabiduría de Dios. Al ser así, podemos confiar en que la Biblia no contiene errores y nos expresa todo aquello que Dios le quiso revelar al ser humano. Es decir, Dios inspiró las Escrituras.
Por eso este es el elemento más básico de la vida cristiana. Una persona que no conoce la Biblia es una persona que no conoce a Dios, pues todo lo que Él ha querido mostrarnos acerca de Sí mismo se encuentra claramente expresado en sus páginas. Aunque podemos conocer un poco de Él en toda la creación que nos rodea, Su revelación especial se encuentra plasmada solo en la Escritura.
Así que yo te animo a que hoy mismo comiences a leer tu Biblia. El Señor Jesús prometió que Su Espíritu, el cual mora en los cristianos, nos guiaría a toda la verdad de Su Palabra, por lo que puedes pedirle con confianza que te ilumine, hable y guíe al leer la bendita Escritura.

¿Cómo comenzar a leer tu Biblia?
Quizá ahora no conozcas mucho de la Biblia y no sepas por dónde comenzar a leerla. Básicamente la Biblia se compone de 66 libros divididos en dos grandes secciones: Antiguo Testamento (39 libros) y Nuevo Testamento (27 libros). La recomendación para todo creyente nuevo es comenzar leyendo el Nuevo Testamento completo.
Algunos consejos: 
a) Lee el evangelio de Juan (cuarto libro del Nuevo Testamento) 
b) luego lee la carta de Pablo a los Romanos (sexto libro del Nuevo Testamento)
c) después lee todo el Nuevo Testamento (desde Mateo hasta Apocalipsis) al menos 2 veces  
d) ahora sí comienza a leer el Antiguo Testamento (desde Génesis hasta Malaquías) al menos 1 vez. Cuando hayas terminado esta primera lectura completa de la Biblia, busca un buen plan de lectura para que todos los días te sigas alimentando de la Palabra de Dios.

Finalmente, siempre que vayas a leer tu Biblia habla con Dios acerca de lo que estás leyendo. La forma de hablar con Dios es la oración y de eso hablaremos en el otro artículo.

miércoles, 25 de junio de 2014


UN DIOS SIN LIMITES

Dios es Dios grande y sublime. Nada lo detiene. Nada lo limita. No lo puedes encerrar en una estructura religiosa, no se pliega a los requerimientos humanos.
Sin embargo su grandeza ha sido tan sublime que él mismo se ha puesto límites. Un límite es que no convive con el pecado.

Dios siempre nos sorprende y no le pide permiso a nadie para hacer su voluntad y ejecutar su soberanía. No lo detiene el tiempo, ni el espacio ni siquiera nuestras exigencias vanidosas. Sorpresivamente se acerca al hombre para rescatarlo y cambiarlo. Dios espera que aprendamos de él sepamos vivir en límites que él nos ha puesto mientras disfrutamos la relación directa con él como Dios sin límites.


“La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos. Y al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz!

Por eso Dios lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor,para gloria de Dios Padre”. Filipenses 2:6-11




sábado, 24 de mayo de 2014


 
Lo importante que es arrepentirse.

  El rostro del juez estaba tenso. También estaba tenso el rostro de todos los que se hallaban en ese tribunal.
Los catorce hombres y una mujer estaban acusados de espiar para países de occidente en Beirut, Líbano. El tribunal lo había convocado el Concilio Revolucionario Fatah. Y como todas esas quince personas se negaron a arrepentirse, el juez bajó el martillo, que era lo mismo que bajar el hacha: «Sean ejecutados, por no arrepentirse.»
  Este caso tiene características eternas porque todo pecado, todo delito, toda fechoría, toda maldad cometida por cualquier persona en cualquier parte del mundo, recibe disminución del castigo si hay arrepentimiento. Pero si no hay evidencia de arrepentimiento, no.
   El primer criminal que hubo en la tierra fue Caín, que mató a su hermano Abel. Con todo lo terrible que fue el crimen, Caín pudo haber recibido perdón si se hubiera arrepentido. Pero no se arrepintió, sino que le volvió la espalda a Dios, y se apartó de Dios para siempre.
Todo hombre, toda mujer, comete faltas más de una vez en la vida, a veces leves, a veces graves. Toda falta acarrea culpa. Y la culpa está ahí, pesando como plomo sobre el malhechor. Si la persona se arrepiente de lo que hizo, y pide perdón, lo recibe y siente la carga más ligera. De lo contrario, la carga se vuelve más pesada.
  Cuando un niño comete una falta grave, una travesura muy seria, el padre con severidad le dice: «Tienes que arrepentirte y no hacerlo más.» Pero ¿qué del padre o de la madre que cometen una falta peor? ¿No deben arrepentirse ellos también?
  El apóstol Pablo dice: Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios. (Romanos 2:5). Dios puede perdonar a cualquier pecador. Pero debe haber arrepentimiento profundo, y fe en Jesucristo, el Salvador de todos.


Que Dios le Bendiga,